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Los virus culturales y los medios
Una Idea Contagiosa
1 de Octubre, 2001
Si usted está leyendo esta columna, ya está infectado. Pero no se apure en cortar la energía: el virus está en su mente. La tesis es simple: a medida que los medios de comunicación masiva
fueron perfeccionando su capacidad de llegar a la gente y el público
tuvo la capacidad de intercomunicar sus ideas con mayor
facilidad, la difusión de virus culturales creció exponencialmente. Y usted no escapó a su infección.
Ante todo es necesario explicar en qué consisten los mentados
virus. Según la definición de Richard Dawkins, creador
del concepto, los virus (también llamados 'mems' o 'ideavirus') son "unidades
de transmisión cultural; ideas que imitan el comportamiento
de los genes, propagándose, no de cuerpo en cuerpo y de
generación en generación, sino de mente en mente, de ser
humano a ser humano." El término (meme) deriva de su raíz
griega que significa 'imitar'. Un mem fértil, dice Dawkins,
"parasita el cerebro de la misma manera que un virus parasita
el mecanismo genético de una célula. Una vez infectado un
sujeto, le transmite el mem a dos amigos y así sucesivamente".
De la misma manera que "las palabras y los significados
de las palabras predisponen al niño a pensar y a actuar
automáticamente" , todo lo aprendido de otro por imitación
ayuda a configurar nuestro mundo de un determinado modo.
Por imitación se entiende la historia que se escucho de
un amigo y que nos gustó y que se la trasmitimos a otro
amigo. Esta historia no será exacta a la anterior, ni incorporará
todos los gestos y pausas de la primera, pero sí transmitirá
su esencia. Eso es imitación. Todo lo que pasa de una persona
a otra de esta manera es un mem. Esto incluye "todas las
palabras de nuestro vocabulario, las historias que conocemos,
las habilidades y hábitos que se adquieren de los demás
y los juegos que nos gusta jugar. Incluye las canciones
que cantamos y las reglas que obedecemos. Cada uno de estos
mems ha evolucionado de manera única e independiente, pero
cada uno de ellos usa la consulta humana para reproducirse"
.
Tómese por ejemplo la canción "Que los cumplas feliz" que
se canta en cada uno de nuestros cumpleaños. Estas palabras
lo afectan a uno, quizás hasta tal punto de estar tarareando
la melodía mentalmente en este momento. Las palabras tienen
"su efecto sobre nosotros sin siquiera haber activado intencionalmente
la porción de memoria que albergaba la melodía. ¿Y de donde
viene eso? Como sucede con millones de personas en todo
el mundo, ha sido adquirido por imitación. Algo, algún tipo
de información o de instrucción se grabó en nuestros cerebros
y provocó que en cada cumpleaños todos cantemos esta canción.
A eso llamamos un mem" .
Una vez enfrentado al concepto de virus cultural cabe la
pregunta: ¿Cuál sería en nuestra sociedad el método más
efectivo para la transmisión de un mem? La respuesta es
evidente. Los medios masivos de comunicación aparecen ante
la vista como un gran criadero de virus que se disparan
diariamente, minuto a minuto, a millones de personas en
todo el globo. Cada mensaje, cada selección de contenidos,
cada marco de referencia, cada estilo personal, modulación
de la voz, peinado, gesticulación, jingle publicitario o
expresión se convierte instantáneamente, con el sólo acto
de ser transmitido, en un virus cultural que infecta a millones
de personas al mismo tiempo.
Historia de una infección
Con los primeros sistemas de difusión mediática, la transmisión
de ideas (o mems) era profundamente limitada. Remitiéndonos
a los medios de comunicación masivos, la aparición de cada
nuevo medio acarreó una capacidad de mayor penetración en
las masas humanas. El surgimiento de la imprenta en el año
1455 fue el primer escalón para la difusión masiva de las
ideas. Hasta entonces el medio más efectivo había sido la
transmisión oral. Pero con la incorporación del libro a
la cultura general, la difusión de ideas se acrecentó de
manera prodigiosa. Un ejemplo histórico es la difusión de
la doctrina de Lutero en Europa en un lapso muy breve de
tiempo.
Los periódicos fueron los primeros en llegar a las masas
de un modo homogéneo, constante y prolongado. Pero se veía
limitado por la cantidad de gente dispuesta a comprarlo
y con la capacidad de leerlo. Sin embargo sembró los primeros
signos de influencia sobre los grupos de opinión y los líderes
grupales.
La radio solucionó el inconveniente de la masificación
de raíz. El acceso a un receptor era relativamente económico
y no era necesario ningún tipo de instrucción para recibir
los mensajes por ella transmitidos. Ese fue el inicio de
la manipulación mediática de las masas. Surgen también las
primeras teorías sobre la comunicación, como la de la Bala
Mágica. Un ejemplo histórico de este fenómeno puedo localizarse
en todos los discursos políticos, sobre todo en los períodos
que abarcaron la primera y la segunda guerra mundial, con
Goebbels como su máximo exponente (su eslogan era sencillo:
"las masas consideran verdadera aquella información que
más oyen repetir" ) y la propaganda de los Estados Unidos
infiltrada hasta en los dibujos animados del pato Donald
("Donald va a la Guerra", de Walt Disney. En realidad este
ejemplo pertenece al cine, otra gran arma divulgativa que
no quiero abordar en detalle, pero que sirve para ilustrar
el período de entreguerras).
La televisión trajo el punto culmine de la dominación sensorial.
Era posible acreditar lo que se decía por medio de lo que
se mostraba, derecho reservado hasta entonces por los medios
impresos. La verosimilitud de la imagen reemplazó a la de
la palabra y todo lo que se decía o veía por televisión
era verdad. Fenómeno que sucede aún hoy en día. Exacerbó
la inmediatez de la radio y a la vez logró incorporar en
sus audiencias todo tipo de efectos culturales (desde los
usos y costumbres hasta el tipo de ideología).
Por fin, el último gran medio de difusión de conocimiento
surgido en nuestro siglo es Internet. La red que permite
a todos los nodos conectados comunicarse entre sí. Esta
capacidad, la de recibir información y poder transmitirla
a la vez, así también la capacidad de interactuar simultáneamente
cientos de sujetos en un mismo sistema en línea, dota a
la red de un potencial inconcebible 200 años atrás para
la difusión de las ideas. Con millones de usuarios en todo
el mundo, no sólo permite que un mensaje en cadena alcance
magnitudes astronómicas, sino que favorece hasta límites
inconcebibles el intercambio cultural de mems. El mayor
campo de batalla es la televisión y lo seguirá siendo hasta
que Internet logre su misma penetración, al menos en los
sectores sociales más influyente. En palabras de Douglas
Rushkoff: "a lo de la televisión no se le dice 'programación'
por nada". Y refiriéndose al conjunto de medios de comunicación
agrega: "la interconexión de seres humanos junto con los
medios interactivos globales han permitido la transmisión
masiva de mems, que, en lugar de infectar a individuos,
atacan a todo el organismo cultural a la vez" .
Cuéntame tu idea En lo que respecta a la transmisión de virus, lo mas destacado
de la evolución de los medios de comunicación de masas consiste
en dos aspectos básicos. Por un lado la cantidad de gente
que puede ser alcanzada por un mismo mensaje (como diría Rushkoff "el consorcio
mundial de información engendrado por los medios eléctricos
excede con mucho toda la influencia que ahora podrían ejercer
mamá y papá" ) y por el otro la velocidad en que ese mensaje
es recibido por cada usuario. La transmisión de ideas se
ha acelerado de modo drástico y dramático, superando infinitas
veces a la velocidad en que una idea podía transmitirse
tan solo ciento cincuenta años atrás. "La cualidad de instantaneidad
de los medios actuales nos permite recibir información directamente
de la fuente, sea lo que esta fuente sea. Y de modo mas
significativo, acelera la velocidad de su distribución."
La instantaneidad conlleva otro matiz propicio para los
virus culturales. Póngase por ejemplo la transmisión a escala
mundial de la Guerra del Golfo Pérsico por parte de la Cadena
CNN. "Los funcionarios del gobierno [de los Estados Unidos]
quisieron que las únicas imágenes que aparecieran una y
otra vez por las pantallas de la televisión [con cobertura
exclusiva de la CNN] fueran las que apoyaban la participación
de los Estados Unidos en el conflicto, como un misil americano
haciendo blanco en la sede de un comando iraquí o la destrucción
en el aire de un misil Scud irakí." Con el fin de la guerra
y el transcurrir del tiempo de supo que el ejército había
alterado notablemente la veracidad de las informaciones
o al menos no había dado toda la información (que para el
caso es lo mismo). Incluso se dijo que muchas de la imágenes
transmitidas habían sido filmadas en estudios. Sea cual
sea la verdad, es una prueba contundente de la capacidad
de la televisión de generar verdades que todo el mundo (literalmente
hablando) creerá y retransmitirá a sus pares.
Los difusores de virus más fácilmente reconocibles son
los publicistas. Su trabajo es lograr crear un mem que se
introduzca fuertemente en el cerebro del consumidor y dejarlo
ahí la mayor cantidad de tiempo posible, antes de que el
virus muera o sea reemplazado por uno más fuerte. De esta
manera no sólo logran sugestionar al potencial consumidor
a adquirir su producto, sino que también intenta que quien
haya recibido el mem intente transmitírselo a un amigo.
Ese podría ser una de las principales causas por lo que
se utiliza tanto el humor o las publicidades absurdas en
la promoción de los productos. Basta recordar la famosa
frase en boca de todos (en este caso del sujeto 1): "¿Viste
el aviso de tal producto? Es rarísimo". Acto seguido el sujeto
2 irá a instalarse frente al televisor para ver el aviso
del que todos hablan. Una vez logrado su cometido irá directamente
a un tercer sujeto y le dirá: ¿Viste el aviso...? y así
sucesivamente. El éxito comercial del producto es otra cosa,
pero al menos todos vieron el aviso y la marca es recordada
(suele suceder que el mem sea recordado y el producto no sobreviva al olvido).
Otro ejemplo de imitación clásico es la propagación de
modas en los colegios por parte de los niños. La rapidez
con que la moda del Yo-Yo, las figuritas o el juguete de
turno alcanza esas instituciones es sorprendente y muchas
veces no responde a influjos publicitarios sino simplemente
a la imitación de los pares.
El periodismo no escapa al terreno de la memética, por
más que se esmere en arriar la bandera de la objetividad
y separa los hechos de la opinión (tradicionalmente, el
único vehículo para influir sobre los demás). Como bien
sabemos, la sola selección de lo que se dice y se deja de
decir conforma ya una pauta de la realidad que se transmite
y de lo que se legitima o no para ser conocido.
En síntesis, como dice McLuhan "todos los medios nos vapulean
minuciosamente. Son tan penetrantes en sus consecuencias
personales, políticas, económicas, estéticas, psicológicas,
morales, éticas y sociales, que no dejan parte alguna de
nuestra persona intacta, inalterada, sin modificar. "
Y que gane el mejor
Con los mems pasa lo mismo que con los genes y que con
cualquier organismo sujeto a la teoría de la evolución:
sólo sobrevivirán los más aptos. Un virus débil dejará paso
a otro más fuerte. Un rumor seguirá siendo rumor y morirá
como rumor si no logra incorporársele un fundamento sólido
que lo convalide. Un jingle pegadiza será reemplazado por
otro nuevo o simplemente caerá en desuso. Lo mismo sucede
con las modas, las costumbre y demás fenómenos culturales
que sean aprendidos por imitación. Si el terreno no es fértil,
el virus muere. Si el terreno no es fértil, el virus no
se puede acentar.
A esta altura es importante que el concepto de virus cultural
no sea tomado como algo negativo. Es un elemento esencial
para la dispersión de la cultura, el crecimiento y el surgimiento
de nuevas ideas (por medio de la mutación). Es bueno en
cuanto el ser humano se enriquece con ellos y avanza hacia
nuevos horizontes. En el papel de los medios, ayuda a la
cohesión social y es un elemento importante a la hora de
implementar cambios de raíz que permitan a la sociedad crecer
humanamente.
Ahora bien, todos los virus necesitan evitar que los detecten
para poder replicarse. En el caso de las computadoras un
buen software antivirus seria suficiente para impedir la
copia. ¿Pero que sucede con los virus culturales? Un virus
muy evidente sería inmediatamente percibido por el sujeto,
quien sometería el mensaje a un análisis profundo y decidiría
si lo acepta o no (esta integración tiene su peculiaridad
también. ¿En que se basa el sujeto para aceptar o no este
nuevo mensaje? En si esta de acuerdo o no con su sistema
anterior de concepción de la realidad, con su ideología
o sus creencias.)
El camino ideal para que un virus se replique sería el
de la sutileza, aquel camino difícil de ser identificado
por el sujeto a ser contagiado. Un virus muy peligroso o
virulento será detectado con facilidad y borrado de inmediato.
Los virus más efectivos son diseñados para tener
un efecto pequeño y por tanto difícil de detectar. Desde
un punto de vista de los mem, cuando mas difíciles de detectar
sean, mayor podrá ser su difusión y por tanto mayor la preparación
del terreno para mems mas desarrollados.
Diariamente somos testigos de este tipo de contagio. Un
ejemplo simple y cotidiano es la instauración de la agenda
por parte de los medios. Se comienza a hablar de un tema,
por ejemplo, la agresividad de unos guardias de seguridad
de unas discotecas, que
golpean impunemente a los inocentes jóvenes que a ellas
concurren. Este tema instaura el problema de la inseguridad
nocturna, tema que instaura el de la seguridad general en
los barrios, el cual a su vez instaura el de la ineficiencia
de la policía, el cual trae a escena la ineficiencia del
Gobernador para resolver estos problemas. Ahora bien, si
los medios hubieran dicho esto último en primer lugar, el
rechazo de la idea se hubiera manifestado de acuerdo a la
adhesión o no del receptor a este político. De la manera
descripta, se ha preparado el terreno con virus menores
para lograr introducir el virus mayor sin dificultades,
ya que no se trata de un problema político, sino de un tema
social que concierne a todos por igual, sea cual sea la
inclinación política de cada uno.
El tema de los virus culturales no hace más que comenzar
y los estudios sobre los mismos son escasos. Pero una cosa
es cierta: con el potencial divulgativo de los medios de
comunicación actuales y el desarrollo progresivos de nuevas
tecnologías que favorecen su crecimiento (¡de vida a un mem, envie un email!), las posibilidades
de que un mem se divulgue a escala global en cuestión de
minutos no es un pensamiento utópico, si no más bien real.
El desempeño ético de los encargados de la difusión del
virus será el factor decisivo para el bien o mal que se
desprenda de la epidemia generada.
PD: usted acaba de ser infectado por el concepto de virus cultural. Lamentablemente, no hay otro antídoto que el olvido.
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